Azuaje, vertedero protegido


En febrero de 2005 unos 40 alumnos se afanaban en limpiar, organizar un lugar donde sentarse a comer y en empedrar el barranco de Azuaje, un valiosísimo reducto natural que 'disfruta' del segundo grado de protección medioambiental previsto por la ley. Tres años más tarde terminan sus trabajos. Sólo uno después el barranco luce aún peor que antes de las obras

JUANJO JIMÉNEZ Yo stube hakí", reza el grafiti que preside una de las salas abandonadas desde hace décadas del famoso balneario de Azuaje, construido en el XIX y ubicado en el cauce que separa Firgas de Moya.


La pintada, con su atentado al diccionario, es el símbolo que resume el actual estado del cauce del barranco, una Reserva Natural Protegida y sin embargo desprotegida, rota y abandonada tras invertirse 1,3 millones de euros para habilitar senderos, replantar, colocar unos carteles informativos y un merendero. El grupo ecologista La Vinca, que ha denunciado el destrozo de la que denomina "la joya de la corona" medioambiental de los dos municipios a los que afecta, también reporta la suelta de animales exóticos y la práctica de acampadas ilegales, todo ello gracias a una sistemática falta de vigilancia que ha convertido el emblemático lugar en una anarquía en la que prácticamente nada queda de aquella inversión.


Los gruesos palos que forman las mesas han sido levantados y algunos lucen chamuscados en hogueras. Los carteles informativos están desarmados, y de las papeleras sólo quedan los pernos que asoman peligrosamente del suelo. En un rincón se acumulan los restos de asaderos, el forro de unos sillones de coche, las latas, las hilachas de carne que sobró de la parrilla y, de salpicón en cualquier esquina, los preservativos en cantidades de implosión demográfica.


Al menos desde 1994, según la hemeroteca, el barranco de Azuaje ha sido objeto de presentaciones y proyectos de la Mancomunidad del Norte, del Gobierno canario, del Cabildo y de los ayuntamientos de Firgas y Moya, casi todos para empezarlos al año siguiente de su anuncio, y en los que se prometían un balneario, una red de senderos, un turismo de salud y, en resumen, un reclamo "alternativo al sol y playa". Hasta que una escuela taller hace tres años termina las sillas y mesas y el empedrado de parte del cauce del barranco. El dinero y el trabajo de aquellos 40 alumnos ha ido desapareciendo de la mano de la desidia, de los gamberros y el olvido, y otro poco por las lluvias.


El resultado es una ruina aderezada con bolsas de basura por donde quiera que se mira y rastrojos acumulados que contrasta con la riqueza de la flora y la fauna del sitio, con el ruido de fondo de las ranas que disfrutan de uno de los pocos lugares de Gran Canaria con un caudal permanente de invierno a verano y que hoy es un homenaje al desprecio de un entorno y unas aguas de las que existen estudios que las llegaban a comparar por sus propiedades medicinales con las de Vichy, Seltz, Spa o Verin, pero que las instituciones optan por mandar a sumidero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario